domingo, 14 de diciembre de 2008

SER MADRIDISTA



Probablemente no sea el mejor momento para hablar de ello, pero yo creo que no, que es lo mejor que se puede hacer en estos momentos. El Madrid perdió ayer 2-0 con el Barcelona en el Camp Nou, en un buen partido en el que el empuje de los azulgranas terminó por ser suficiente frente a un Madrid defensivo, orgulloso, que dio la cara, y murió de pie. Fue un equipo distinto al de las últimas jornadas, y muy lejos del que se iba a llevar 6 o 7 goles. Casillas paró un penalti e hizo varias paradas de su estilo, el joven Palanca debutó y su desparpajo sorprendió a todos, Drente falló ese gol que ningún delantero debe fallar. Todos, incluso los que estuvieron menos a tono, merecen el elogio por su entrega, por la manera en que se dejaron la piel y el alma en el campo contra un equipo superior a ellos. Al final, ya se sabe, algarabía en el campo, que parecía que hubieran ganado la Champions. Me alegro por ellos y por el Barça.



Pero esto es una excusa para tratar de dar mi opinión y mi punto de vista acerca de lo que para mí significa ser del Madrid. Lo hablaba ayer con mi buen amigo David tras el partido, cuando los dos caminábamos en la fría noche con una sensación de orgullo. Me explicaré. Hoy en día, el mundo es un gran negocio. Todo se reduce al dinero. La política es dinero y negocio. El cine es dinero y negocio. La cultura es dinero y negocio. El fútbol es dinero y negocio. El Real Madrid, como el Barcelona, el Milán y tantos otros, es un club de fútbol grande, con grandes fuentes de ingresos, gastos, salarios, merchandising, acuerdos económicos con patrocinadores, contratos de futbolistas... Todo esto viene a que nadie se llame a engaño, y se crea que no veo lo que es bastante obvio, y es la mercantilización del fútbol. Queda poco del romanticismo de otras épocas, cuando el dinero no importaba tanto, y había jugadores capaces de salir a jugar una final con una clavícula rota (Pirri en el Madrid). Y en medio de todo esto, aún sigo siendo capaz de emocionarme. Eso tiene que ver con el club de mis amores. El Madrid es un club diferente. Como todo equipo grande, puede tener rachas increíbles en las que gane varias Ligas consecutivas, Copas de Europa, Supercopas... y luego tener una racha de un par de años sin ganar nada, con cambios de entrenadores, de presidentes y con jugadores indolentes que solo cobren el cheque. No existe el club perfecto.


Los que me conocen saben que soy objetivo, no me dejo llevar por ninguna clase de forofismo, ni soy anticulé, ni antiatlético ni antinada, solamente procuro ser antiestúpido, antiignorante y anticiego. Reconozco, admiro y respeto a equipos que hagan buen fútbol y me gusten, y soy capaz de admirar al Barça y al Atlético cuando sea necesario. Y por ello, lejos de radicalismos, digo que el Madrid es un club de fútbol distinto. Por su historia, por su palmarés, por los jugadores que han sentido el club, el escudo y el color blanco grabados a fuego en su corazón (jugadores como Di Stéfano, Gento, Pirri, Del Bosque, Juanito, Míchel, Sanchís, Hierro, Raúl o Míchel Salgado), pero, por encima de todo, por su carácter. El Madrid jugará mejor, peor, regular, brillantemente o desastrosamente, pero tiene algo, un gen, una molécula, que le hace distinto. Con toda la honestidad del mundo, nunca he visto a ningún equipo capaz de aunar tanto orgullo, coraje y heroicidad. Nunca he visto a ningún equipo que, cuando se le da por muerto, por goleado, por enterrado; saque su rabia, su orgullo de campeón, su personalidad de 106 años de historia, y plante cara a quien haga falta, con los jugadores que haga falta. Nunca he visto a ninguna afición de un club grande aplaudir a la máxima estrella del máximo rival tras hacerle golazos en el Bernabéu (Ronaldinho).


El Madrid ha tenido jugadores horribles que no han servido casi de nada o que no sabían adecuarse al espíritu de entrega de este equipo (Cassano, Anelka) y entrenadores que no han tenido suerte o no han querido tenerla (Luxemburgo, Queiroz); pero el club está por encima de todo. Siempre lo he dicho. Por encima de todo, de cualquier jugador de su historia o de cualquier presidente, el Madrid, entendido como una manera de ser, como una forma de entender el fútbol como una película en la que el héroe, golpeado mil y una veces, seguirá luchando hasta el tiro de gracia o hasta la gloria. Junto con ese coraje de no rendirse jamás, bajo ningún concepto, que es para mí el mayor signo de identificación de este club; están otras características. Está, por ejemplo, el señorío, la educación y el saber ser y estar, tanto de sus dirigentes como de sus jugadores y de la afición. Partiendo de que no me engaño, y de que siempre hay excepciones, el saber comportarse con rivales y con todo el mundo en general con educación y caballerosidad es sello indeleble (recogido en el himno, no lo olvidemos) del Madrid. Ramón Mendoza, Lorenzo Sanz, Florentino, Ramón Calderón... tendrán sus fallos (que los tienen, claro), pero nunca les veremos hacer declaraciones como las que hacían en su día Joan Gaspart (animando a silbar y a insultar a Figo), Jesús Gil (sin comentarios), Núñez o Joan Laporta (y sus desvaríos políticos). Nunca veremos a 60.000 personas, jóvenes y viejos, mujeres y hombres, grandes y pequeños; en el Bernabéu haciendo cortes de manga y rompiéndose las cuerdas vocales compitiendo por hacer el insulto más grande y gordo a los jugadores del otro equipo. Nunca veremos botellas de vidrio de 2 litros ni cabezas de cochinillo en el cesped del estadio cuando un jugador del otro equipo vaya a tirar un córner (y no me valen las excusas de que fue porque Figo traicionó al Barça yéndose al Madrid. No veremos esas cosas ni aunque Roberto Carlos, por ejemplo, se hubiera ido al Barcelona).


Cada cual se enorgullece de lo que tiene, y creo que los (buenos) madridistas podemos enorgullecernos de todo esto: de no querer que un rival nos gane para fastidiar a otro solamente por odio (como pedía la mitad de la afición del Atlético), puesto que el Madrid debe salir a ganar hasta en los amistosos. De aplaudir a quien haga falta cuando lo merece (dudo mucho que si Raúl metiera 4 goles en el Camp Nou algún día se le aplaudiera). De sacar ese gen, esa molécula, cuando más lo necesita el equipo, de sacar ese espíritu de raza, esa rabia de campeón, ese arreón de héroe que nunca se rinde y que morirá de pie. Nada, ninguna Liga, Champions o Mundial, vale tanto como caminar una noche fría sabiendo que tu equipo ha perdido y sentir esa punzada de orgullo que supone recordar todas estas cosas, y saber que 31 Ligas, 9 Copas de Europa, 17 Copas del Rey, 8 Supercopas, 2 Copas de la UEFA, y 3 Copas Intercontinentales se ganaron con gestos como el de Raúl recorriendo todo el césped del Camp Nou y luchando por cada balón hasta el minuto 90. Más que nunca y con más orgullo del que estas palabras pueden expresar... Hala Madrid, para siempre.


1 comentario:

Willybel dijo...

Mucho madridista mucho madridista...PERO SI ERES DEL RECRE QUE??? EH??? Eso si que es sufrir! XDDDDD Este año, El Recreativo de Huelva F.C. a la Champiñons (o como minimo no bajaremos a segunda!)